Un legado impreso en la memoria: homenaje al profesor Pablo Chiuminatto
A través de un conversatorio organizado por la Facultad de Letras UC, colegas, estudiantes y exalumnos recordaron la figura del profesor Pablo Chiuminatto, quien dejó huella en la edición, las artes visuales y la literatura.
El pasado 13 de abril, la Facultad de Letras UC reunió a académicos, estudiantes de pre y posgrado y miembros de la comunidad universitaria en un conversatorio para rendir homenaje al profesor Pablo Chiuminatto, tras su reciente partida. La instancia, marcada por la emoción y el afecto, permitió recordar su vasta trayectoria como editor, artista visual, investigador y docente.
Entre sus aportes más reconocidos está la edición de la versión abreviada y adaptada al español de América de Don Quijote de la Mancha, un proyecto que consideró “un homenaje a Cervantes y también a la literatura clásica”, y que reflejó su compromiso con acercar la cultura a nuevas generaciones.
El homenaje reunió a colegas como los académicos Cristián Opazo, Teresa Oteíza, Sarissa Carneiro y Sebastián Schoennenbeck, junto a los exalumnos de pregrado, Matías Valenzuela y de posgrado, Cristián Forster, quienes compartieron testimonios, lecturas y reflexiones para recordar a Pablo, evidenciando su impacto académico y humano.

Durante el homenaje, el académico Cristián Opazo reconstruyó los primeros años de Chiuminatto en la escena artística santiaguina, ligándolo a los circuitos new wave y underground de los años ochenta, donde su obra desmembraba cuerpos y desbordaba los marcos tradicionales del arte. Esa etapa, marcada por una estética feroz y lúdica, fue —según Opazo— el punto de partida de un viaje que lo llevaría hasta sus paisajes telúricos y sobrecogedores. “Sin el Chiuminatto new wave (rabioso como Georges Bataille, divertido como Keith Haring), sin el Chiuminatto underground que desmembró los cuerpos, que invocó la luz cegadora, estoy seguro, no habría llegado el otro, el paisajista de mirada profunda”, afirmó.
Asimismo, el profesor Opazo recordó la última conversación telefónica que tuvo con Pablo. “Me dijo que la clase del martes siguiente sería sobre las pinturas que se cuelan en la escritura y viceversa, sobre las que se arrancan del marco y van a parar al teatro. ‘Sobre écfrasis, de eso quiero hablar, profesor’. Me gusta pensar esta frase, si no como epitafio, como epígrafe de una vida por venir”.
Por su parte, la profesora Teresa Oteíza recordó el trabajo que compartieron, especialmente al co-diseñar e impartir un curso sobre estudios críticos del discurso desde una perspectiva multimodal. La colaboración entre ambos unía historia del arte y análisis discursivo, en un ejercicio genuino de docencia interdisciplinar. Recordar a Pablo es, para quienes trabajaron estrechamente con él, evocar no solo a un académico brillante, sino también a un amigo entrañable, atento y generoso. Al respecto, la profesora Oteíza destacó que enseñar juntos fue un anhelo largamente conversado durante caminatas por el campus San Joaquín, donde imaginaron un curso que uniera la historia del arte con los estudios críticos y multimodales del discurso. Experiencia que se concretó con éxito y se impartió en tres oportunidades, como un espacio de aprendizaje compartido y de diálogo interdisciplinario genuino.

“Estoy segura de que es una experiencia que guardarán con cariño y agradecimiento todas y todos quienes tuvieron la alegría de escuchar a Pablo, de aprender de su vasto conocimiento y, sobre todo, de compartir su pasión por enseñar”. La profesora también recordó una de las ideas que Pablo repetía con convicción: “La imagen no miente”, frase que usaba para abrir la reflexión crítica sobre cómo observamos el mundo, y cómo las imágenes proponen sentidos, a veces esquivos o ambivalentes, que exigen una lectura atenta desde la historia y la memoria colectiva.
Entre quienes también dedicaron unas palabras de despedida estuvo la profesora Sarissa Carneiro, quien compartió una emotiva carta dirigida a su colega y amigo, donde recuerda su lucidez, su sentido del humor, su pasión por la brevedad y su conversación siempre viva.
Entre sus recuerdos, rememoró uno de sus últimos encuentros con él, cuando hablaron de una muerte que lo había impactado profundamente y de un libro que compartían con devoción: el Oráculo manual y arte de prudencia de Baltasar Gracián. “Vistas hoy, estas dos cosas, las últimas que me dijiste, me parecen sombríamente oraculares: un cuerpo tragado por el mar y un compendio moral para enfrentar vicisitudes”, dijo, subrayando la extraña potencia premonitoria de aquellas palabras y la sensibilidad con la que nuestro profesor vivía cada experiencia, incluso aquellas más oscuras.

Al cerrar esa lectura, la profesora dio cuenta en su texto la tristeza por la perdida y su gratitud. “Ayer soñé contigo, te movías con gran prestancia, sé que me hablabas, pero no puedo recordar qué me decías. Supongo que de ahora en más nuestras conversaciones serán así: hasta que te vuelva a ver en la otra orilla, tu voz se escucha en el silencio porque vive en el recuerdo”.
Por su parte, el director del departamento de Literatura de la Facultad, Sebastián Schoennenbeck relató que conoció a Pablo Chiuminatto a través de un grabado de su autoría titulado La Quema, que colgaba en la casa de unos amigos en común y representaba la quema de un rastrojo de trigo. A través de esa obra, que capturaba con detalle una costumbre campesina, comenzó a intuir su particular mirada del mundo, los colores y las formas. Ese primer encuentro con su trabajo se convirtió en un puente hacia la amistad y las conversaciones que vendrían, especialmente en torno al paisaje.
“Hoy no puedo hablar con Pablo no solo porque ya no está, sino también porque el lenguaje necesario para hablar con y sobre él es diferente al que usamos entre los que permanecemos todavía aquí. Bajtin, en su intento por describir la novela en oposición a la épica, dijo lo siguiente: “A los muertos se les quiere de otra manera; se les extrae de la esfera de contacto; se puede hablar de ellos y hay que hablar, en otro estilo” (466). Necesitaría un lenguaje transfigurado para hablar contigo ahora, tal vez un lenguaje que se ha vuelto imagen, un lenguaje que se ha de fosilizar en paisaje guardado en la memoria. Y la búsqueda de ese paisaje, necesario para encontrarte, es mi duelo, es mi silencio, mi ceguera.”
En cuanto a los estudiantes, Cristián Foerster se refirió a él como el profesor que guió su tesis doctoral, mientras que el estudiante de pregrado evocó sus clases con gratitud. A través de sus testimonios, se reafirmó la profunda huella que Chiuminatto dejó en la comunidad académica y la convicción compartida de que su legado perdura en quienes tuvieron la oportunidad de aprender, trabajar o simplemente conversar con él.