Andrés Montero recibe el Premio José Nuez 2025

27 de Enero 2026

• El escritor y narrador oral chileno fue distinguido por su novela El año en que hablamos con el mar, una obra que dialoga con la oralidad y la memoria colectiva, en una ceremonia realizada en la Facultad de Letras UC.

La Facultad de Letras UC, junto a la Fundación José Nuez Martín, entregó este jueves 22 de enero el Premio José Nuez 2025 al escritor y narrador oral chileno Andrés Montero, por su novela El año en que hablamos con el mar (Ediciones La Pollera, 2024). La distinción destaca una obra que dialoga con la oralidad, el tiempo y los vínculos humanos, consolidando la trayectoria de una de las voces más relevantes de la narrativa chilena contemporánea.

Creado en 1994, el Premio José Nuez distingue de manera alternada novelas y obras teatrales chilenas publicadas o estrenadas en los dos últimos años, y busca relevar obras y trayectorias que aportan de forma significativa a la literatura nacional. En este 2025 se revisaron un total de 80 obras.

Durante la ceremonia, la presentación del galardonado estuvo a cargo de Sebastián Schoennenbeck, quien destacó el carácter singular de El año en que hablamos con el mar, una novela que se inscribe en la tradición de la literatura insular y que aborda la construcción de los relatos desde una perspectiva comunitaria.

Según explicó, la historia gira en torno al reencuentro de dos hermanos en una isla del sur de Chile y a la forma en que los habitantes del lugar reconstruyen su pasado a partir de versiones, recuerdos y conjeturas compartidas en una taberna improvisada. En ese sentido, señaló que se trata de “una historia acerca de cómo se construye una historia”, donde la memoria colectiva, el humor y la oralidad cumplen un rol central.

Asimismo, subrayó la relevancia del vínculo fraterno como eje del relato y destacó que la novela propone la fraternidad como un espacio de memoria compartida: “Hablar con un hermano es también un modo de hacer memoria”.

El proceso de escritura y la voz colectiva

Tras recibir el reconocimiento, Andrés Montero agradeció a la Fundación José Nuez Martín y a la Facultad de Letras UC, y se refirió al largo proceso de escritura de la novela, que comenzó durante la pandemia. Recordó que, cinco años atrás, El año en que hablamos con el mar “no existía de ninguna forma”, y que su escritura estuvo marcada por abandonos, dudas y aprendizajes.

El autor relató que la idea inicial surgió poco antes de viajar a Barcelona junto a su esposa, en un contexto personal atravesado por el contraste entre una vida urbana y cosmopolita y un impulso más solitario y reflexivo. De esa tensión nacieron los personajes de Julián y Jerónimo Garcés, mellizos inspirados en paisajes y relatos del sur de Chile. Sin embargo, explicó que durante largo tiempo no logró avanzar con la novela, hasta enfrentarse a una pregunta clave: quién quería contar esa historia y para quién.

Ese bloqueo lo llevó a descubrir la voz narrativa colectiva que estructura el libro. “Había encontrado mi narrador, o más bien a mis narradores”, señaló, aludiendo a la comunidad isleña que, reunida en una taberna, intenta reconstruir una historia que no conoce del todo y que debe completar a partir de recuerdos, rumores e invenciones compartidas. Ese hallazgo permitió destrabar la escritura y dar forma definitiva a la novela, organizada en torno a las cuatro estaciones del año.

Montero confesó que, pese a ese avance, volvió a atravesar un periodo de desánimo y cuestionamiento sobre el sentido de escribir, hasta retomar el proyecto durante una estadía en el sur de Chile. Allí, explicó, recuperó la alegría de narrar y comprendió que bastaba con que la historia le importara a quienes la habitaban —los personajes— y a él mismo.

Hacia el final de su intervención, el escritor compartió una experiencia con una lectora que leyó la novela a su padre durante sus últimos días de vida, lo que le permitió comprender el alcance íntimo de la literatura. “Ese día entendí que vale la pena escribir porque allá afuera hay alguien cuya herida tiene la misma forma que tus palabras”, afirmó. Al finalizar señaló que narrar implica “abandonarse al misterio del alma humana”, y concluyó: “Que nunca nos falte la primavera”.

Autor de una obra amplia y diversa, publicada en Chile y en el extranjero, Montero ha desarrollado un trabajo sostenido en torno a la oralidad, la memoria colectiva y las formas de narrar en comunidad, presente también en títulos como Taguada y Tony Ninguno. A lo largo de su carrera ha recibido distinciones como el Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska, el Premio Marta Brunet y dos Premios Municipales de Literatura de Santiago, además de ser finalista del Premio Clarín de Novela en Argentina. Es además cofundador de la compañía de narración oral La Matrioska y director de la Escuela de Literatura y Oralidad Casa Contada.

Con esta distinción, el Premio José Nuez 2025 reconoce una obra que articula tradición oral, experimentación narrativa y una mirada sensible sobre los vínculos humanos, reafirmando el lugar de Andrés Montero dentro de la literatura chilena actual.